Con los cinco sentidos
De repente, cada uno de mis sentidos comienza a cobrar vida. La vista juega a ser la reina, escoltada por los abanicos de mis pestañas. Mientras ellos se disputan el primer lugar, yo debo controlar la velocidad de mis pasos . Ya cuando gracias al olfato, mi cuerpo se entera del espacio físico en el que se encuentra es el impulso quien entra en acción. Pero sólo por unas décimas de segundo porque sabe que el protagonista de la siguiente toma es el tacto Y aquí llega él. Quien sabe que no es poca cosa. Está contenido por toda la mano, y junto con todo su poder agarra el primer pedacito de pan. Pidiendo permiso, comienzan las sensaciones. Se sabe que cuando las agujas del reloj rocen las 13:30, un grito puede sorprendernos llamando a todos a la mesa.No obstante, el deseo de que el color trigo del panse tiña de rojo fuego, es irreversible. Y a medida que el calor del vapor va envolviendo mi mano, voy tomando conciencia,y preparo al gusto, que lejos de estar dormido, se deshace en reclamos Llega el momento, el gusto empieza con los festejos, Todos los demás se olvidan de las diferencias,y le agradecen el hecho de compartir Las migas de pan se desintegran en mi boca y lo que algunos llaman “El tuco de la abuela en un domingo, me regala la alegría de la semana. Disfruto no formar parte de ese “algunos”y reconocer en esa salsa cada ingrediente que sin duda, le aporta magia. Una magia que lo aleja muchísimo de ser sólo el simple tuco de la abuela. Y nuevamente, el mismo reclamo de siempre se hace presente. El sentido de la audición se siente despreciado. Grita que siempre es el último…Esto fastidia al resto. Pero esta vez, mi abuela me sorprende, a mi y a todos. Me parece algo increíble cuando de la boca de mi abuela comienza a salir una historia que nadie más sabe. La historia de un secreto que convierte la alegría que caracteriza mis domingos en el orgullo de sentirme elegida para poder escucharlo. En mis manos tengo una pequeña parte de ese secreto. Una parte material, pero lejos está de ser sólo un pedazo de acero. Es verdaderamente causante de que todo lo que describí sea algo imposible de olvidar para mí.
Julieta Valenti. 4to. A Esp.
Instintivamente se activan en conjunto y el reloj parece ser el encargado de darnos el primer envión.
Y ahí vamos, ellos y yo, como si no formáramos parte de un mismo ser.
Mis sentidos se revolucionan y quieren agradecerme el momento.
Avanza con mis pies y resulta gracioso percibir las mismas miradas de siemprepero distintas cada la vez, jugando a ser cómplices de lo que supone ser una travesura.
Así, mientras mis ojos amenazan con empañarse todo mi cuerpo recibe el impacto. El rojo se siente orgulloso de llamarme la atención.No en vano presume con el efecto que es capaz de causar y el celeste de los azulejos le sienta perfecto y sabe como lucirlo.
. Justo cuando mi beneficiada vista, pretende apoderarse completamente del reino de mis sentidos,el olfato se asoma decididoy casi como si le molestara el hecho de compartir,la vista le cede el lugar que le corresponde y con un aire de fastidio empiezan la campaña del interactuar


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