El arte de crear
Para el último año que mi abuelo cursaba en la Escuela de Bellas Artes de donde se recibiría de profesor de pintura y escultor, realizó uno de sus últimos trabajos sin imaginarse el famoso futuro que tendría. Era una escultura sobre un cuadro de un guerrero griego que sin ningún motivo especial mi abuelo había elegido hacer para exponer en la Sociedad Estímulo de Bellas Artes. En esa escuela, el se había preparado desde los trece años, edad en la que afirmó su gusto por el arte, seguro de que este sería un condimento esencial en la receta de su vida. A pesar del nulo apoyo que recibía de su familia para desempeñarse como artista plástico, continuó formándose como tal y destacándose por su fuerza de voluntad para mantener su trabajo, casi el principal sustento del hogar, y estudiar de sol a sombra. Aquella escultura resultó ser una de sus mejores obras y se mantuvo en exposición durante un largo tiempo. Pero cuando esta finalizó, mi abuelo no dudó de que conservarla en su casa sería una pena y la regaló al club del barrio de Villa del Parque, donde vivía con su familia.La escultura terminó adornando la entrada principal del club. El autor de la obra, orgullosa de decir que es mi abuelo, fue tratado como parte de la familia del club. Todos los domingos lo invitaban a formar parte de las reuniones, a participar de eventos gratuitamente y podía realizar cualquier actividad que quisiera. Hoy, 57 años más tarde, todavía conserva la foto en la que posa con la escultura y con la sonrisa más gratificante, me cuenta y le cuenta a todos sus nietos esa anécdota imborrable que trazó en su vida el principio de su arte: el de crear.
Cecilia De Luca 5º B

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