Las Copas de Licor

El objeto que elegí yo es una de las copas de mi bisabuela María. Ella las compró en un bazar de su época en la provincia de Entre Ríos. En ese entonces, estas copas eran muy preciadas y valiosas.
Un día, en Entre Ríos hubo una gran inundación que debilitó gran parte de las viviendas. Sin embargo, en el interior de la casa de mi bisabuela muchas cosas quedaron casi intactas; una de ellas era el mueble en el cual estaban las copas.
A partir de ese día, las copas cobraron un gran valor sentimental para toda la familia, de la cual formaba parte mi abuela Felisa, la mamá de mi papá, única hija de mi bisabuela María y mi bisabuelo Antonio.
Lamentablemente mi bisabuela María falleció cuando mi abuela Felisa tenía 6 años, y como mi bisabuelo no tenía la capacidad económica para mantenerla en ese momento, la mandó a mi abuela a Buenos Aires, a la casa de unas tías, en Ramos Mejía. Felisa llevó consigo, entre otros recuerdos, las copas de su madre. Para ella significaban mucho porque le recordaban a su madre y a su hogar de Entre Ríos. Para una niña de su edad era muy difícil afrontar la situación generada por la muerte de su madre, por lo tanto, se aferraba mucho a los recuerdos.
Mi abuela Felisa pasó toda su infancia con sus tías en Ramos Mejía. Cuando tenía 30 años conoció a mi abuelo Juventino, con el cual, cinco años más tarde se casó y se fueron a vivir juntos a la ciudad de Villa Luro. Allí tuvieron tres hijos varones, uno de los cuales es mi papá.
Las copas permanecieron bien guardadas en la casa de mi papá durante años.
Cuando ahora miro las copas, me acuerdo de aquellos cumpleaños o reuniones familiares en la casa de mi abuela, cuando los mayores, al finalizar la cena, tomaban licor en estas copas. Todavía tengo grabada la “imagen” de mi abuela cuidando sus copas. Sí o sí se tenían que apoyar arriba de la mesa, de ninguna manera se podía ir a tomar el licor a otra parte de la casa con las copas en la mano, y ni hablar de que los chicos pudiésemos usarlas.
Cuando mi abuelo Juventino falleció, mi abuela se quedó sola y vivió en esa casa durante diez años, hasta que un día se mudó a una casa mucho más pequeña en el barrio de Mataderos. Obviamente, llevó consigo las copas.
En esa casa, ya sin mi abuelo, la “tradición” de tomar licor en esas copas se fue perdiendo y quedaron guardadas en el mueble principal del comedor de esa casa. Allí vivió mi abuela durante 3 años más o menos, hasta que enfermó gravemente y falleció a los 94 años.
Las pertenencias de mi abuela fueron repartidas entre mi papá y sus dos hermanos. Mi papá decidió llevarse las copas que ahora están en mi casa en un mueble dell comedor. Nosotros ya no las utilizamos porque decidimos conservarlas como un gran recuerdo familiar.

Lucas Cordeiro
4to B Esp.

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Es una historia conmovedora a pesar de que comenzó con una tragedia, fue la que dio inicio a la historia de estas copas y logró que se pase de generación en generación, y se recuerde su historia con mucho afecto como si fuera la propia bisabuela relatándola.
Yael Varela y Yanina Viegas | 26-11-2007 - 12:47:00 GMT -3 #