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Historias de Inmigrantes

29/10/2007 GMT -3

El arte de crear

mogas @ 11:14

pascual y obra Para el último año que mi abuelo cursaba en la Escuela de Bellas Artes de donde se recibiría de profesor de pintura y escultor, realizó uno de sus últimos trabajos sin imaginarse el famoso futuro que tendría.  Era una escultura sobre un cuadro de un guerrero griego que sin ningún motivo especial mi abuelo había elegido hacer para exponer en la Sociedad Estímulo de Bellas Artes.  En esa escuela, el se había preparado desde los trece años, edad en la que afirmó su gusto por el arte, seguro de que este sería un condimento esencial en la receta de su vida.  A pesar del nulo apoyo que recibía de su familia para desempeñarse como artista plástico, continuó formándose como tal y destacándose por su fuerza de voluntad para mantener su trabajo, casi el principal sustento del hogar, y estudiar de sol a sombra.  Aquella escultura resultó ser una de sus mejores obras y se mantuvo en exposición durante un largo tiempo.  Pero cuando esta finalizó, mi abuelo no dudó de que conservarla en su casa sería una pena y la regaló al club del barrio de Villa del Parque, donde vivía con su familia.La escultura terminó adornando la entrada principal del club.  El autor de la obra, orgullosa de decir que es mi abuelo, fue tratado como parte de la familia del club.  Todos los domingos lo invitaban a formar parte de las reuniones, a participar de eventos gratuitamente y podía realizar cualquier actividad que quisiera.    Hoy, 57 años más tarde, todavía conserva la foto en la que posa con la escultura y con la sonrisa más gratificante, me cuenta y  le cuenta a todos sus nietos esa  anécdota imborrable que trazó en su vida el principio de su arte: el de crear.     

Cecilia De Luca 5º B

No es una Pelìcula

mogas @ 11:14

Es un broche bañado en oro, con una simple piedra, italiano, pero lo más importante es su significado. Perteneció a mi bisabuela Isabel que lo conservó hasta su último día y tiene  una gran importancia para mi  familia debido a su gran historia…Los padres de mi bisabuela eran argentinos, ellos llevaban una buena vida, tenían una buena situación económica que les permitía hacer constantes viajes hacia Italia, donde habitaba parte de la familia. Uno de sus tantos viajes hacia Italia coincidió con  el comienzo de la guerra que les produjo a ellos un miedo muy grande y por protección se alojaron en el primer hogar que encontraron en ese entonces. Un hogar muy similar a un conventillo con  dos pasillos largos, llenos de habitaciones en cada una de las cuales habitaba una familia. El lugar, debido a su deterioro y a la debilidad de las paredes que separaban las habitaciones permitía  escuchar y presenciar todos los conflictos de otras personas. La habitación que a ellos les tocó tenía un orificio que la conectaba con la habitación de atrás, era muy pequeño, no se llegaba a ver nada. Lo que se escuchaba de aquella habitación eran constantes gritos y maltratos hacia un niño. Mi bisabuela junto con su hermana buscaban la forma de ayudarlo y trataron de averiguar quién era, pero como él nunca salía, ellas les escribían cartas y se las enviaban através de ese pequeño orificio. En estas cartas ellas le contaban cómo era Argentina, que vivían en Palermo, le hablaban de sus escuelas, de sus juegos, de su familia y las costumbres  argentinas. Y fue así de la única manera que ellos estuvieron comunicados.Una de las últimas cartas que mi bisabuela la escribió decía que ella en cualquier momento volvería a su país, que no sabía si esa carta sería la última pero que la usaría como despedida. El niño apenas recibió la carta le envió el broche que se observa en la foto. Mi bisabuela en agradecimiento volvió a escribirle otra carta, de la que nunca tuvo respuesta. Como los días pasaban y no recibía respuesta alguna, llegó a pensar que él podría haber muerto, y no le quedó otra más que volverse a la Argentina sin tener noticias de aquel niño.

Pasaron los años, ella formó su familia, con su esposo, sus hijos y su broche. Y aunque parezca una película, llegó el día en el que a  mi bisabuela , mientras caminaba  por el barrio de Palermo se le acercó un hombre extraño para ella  y le dijo que él reconocía ese broche. Aquel niño con el que había intercambiado cartas en Italia, resultó ser un hombre  alto, rubio y de ojos miel. Ese día tuvo mucho significado, emoción en la vida de ambos. Se hicieron muy amigos, y permanecieron juntos hasta los últimos días de sus vidas.

 

 no-es-una-pelicula.bmp

 

Aldana Conserva 5º B mercantil

La receta de la bisabuela Ana

mogas @ 11:11

Mi bisabuela, Ana Luisa Muolo, estaba casada con Santiago Satalino quien trabajaba por su cuenta en una zapatería, donde pasaba gran parte del día y no regresaba a su casa hasta tarde. Por esta razón, ella se veía obligada a encargarse de sus 5 hijos además de tener que realizar todas las actividades hogareñas (lavar la ropa, planchar, etc). Pero entre todas las tareas había dos que realmente le resultaban placenteras. La primera era la costura, un pasatiempo que disfrutaba a diario, arreglando la ropa de toda la familia o haciendo nuevas prendas. Tanto gozaba de coser y bordar que cuando sus hijas tuvieron la edad suficiente, les transmitió todo aquello que había aprendido con el correr de los años.

La segunda y tal vez las más importante de estas tareas era la cocina. Podía pasarse horas y horas cocinando para sus familiares o amigos, haciendo las comidas predilectas de cada uno o simplemente inventando nuevos platos. Sin embargo, había una receta en particular que realizaba cada vez que tenía la oportunidad. Se la había enseñado su madre cuando era una jovencita y desde ese momento nunca dejó de hacerla. Se trataba de unas rosquitas llamadas Taralli, pequeñas roscas saladas de simple elaboración. Son tradicionales en Italia, donde las mujeres enseñan a sus hijas cómo amasarlas y cuya receta es pasada de generación en generación. En cada tarde de reunión con amigos o familiares no pueden faltar.

Conforme a la tradición, mi bisabuela hizo lo propio con su hija Rosa. Ésta última sería la encargada de cocinarle a su hermano Pedro (mi abuelo) algunos Taralli cuando se enteró de que él viajaría a Argentina en búsqueda de mejores oportunidades, luego de que Italia afrontara dos las Guerras Mundiales. Durante el viaje en barco comió todas las rosquitas que su hermana le había preparado. Una vez aquí, completamente solo e incapaz de elaborarlos el mismo, no volvió a comerlos. Su esperanza de volver a saborearlos se desvanecía cuando apareció en su vida Angela (mi abuela), amiga y vecina de su infancia, quien era conocedora de la receta de los Taralli. Tiempo después, ambos se casaron. De este modo volvió a disfrutar de los Tarelli

Hoy en día mi abuela sigue haciéndolos para sus familiares, especialmente para mí y mis amigos.

 receta.bmp Receta:

·             Harina de Trigo 0000              1 kg

·             Levadura                                 20 gr

·             Vino Blanco                            300 cm3

·             Aceite                                      150 cm3

·             Agua                                        50 cm3

·             Sal                                           A gusto

·             Azúcar                                     1 cucharada de café

  PROCEDIMIENTO:  

Colocar la harina en un bol. En el centro hacer un hueco y agregar la sal, el aceite y la levadura. Esta última, previamente debe ser disuelta en agua y azúcar. Agregar el vino y mezclar. Con la masa ya formada, amasar bien durante unos minutos. Luego, dejar descansar 20 minutos. Cortar la masa en trozos, hacer “viboritas” y darle la forma de rosca. Dejar levar. Hornear aproximadamente 20 minutos a fuego moderado hasta que tomen un color dorado.

 

Historias de Bronce

mogas @ 11:08

Cerca de 1915, la familia Luzzi vivía en las afueras de un pueblo llamado Corigliano, en una pequeña casa.No tenía un buen pasar económico y se dedicaba a la agricultura. Toda la familia iba al campo que poseía a juntar tomates, lechuga, y las demás productos.Este objeto fue regalado a mi bisabuela Carmela al cumplir 15 años, como no la familia no tenía dinero para regalarle algo más conmemorativo, por ejemplo un anillo, le obsequiaron este mortero, que sirve para moler y picar algunos alimentos y que fue pasando de generación en generación por la familia. Ella le tomó mucho aprecio y lo usaba todos los días para entretenerse y también para ayudar a su madre. Durante la Primera Guerra Mundial, los enemigos buscaban bronce para fabricar sus balas y armas por lo tanto, mi tatarabuelo decidió enterrar el mortero en la puerta de la casa. Al finalizar la Guerra, estuvieron dos días buscándolo hasta que por fin  lo encontraron. Mi bisabuela nunca más se volvió a separar de é hasta el día de su muerte.Luego de los desastres producidos por el conflicto bélico, el pasar económico de la familia empeoró aún más, entonces,  mi tatarabuelo decidió embarcarse solo hacia Argentina en busca de un trabajo y una vivienda. Pasado un año, le envió dos pasajes a su esposa porque había encontrado trabajo y alquilaba una pequeña casa en Mataderos. Las dos mujeres de la familia se embarcaron con lo poco que tenían y por supuesto, el mortero estaba entre esas cosas.Unos pocos años después de venir hacia Argentina, se produjo un incendio en la casita que alquilaban y lo único que pudieron rescatar en buen estado fue un reloj y el mortero.Fallecida mi bisabuela (1972), mi abuelo Francisco mencionó delante de toda la familia que no quería que el mortero se siguiera  usando. Lo ubicó en el mueble principal de la casa y ahí permaneció durante treinta años, hasta que mi papá, quien quería mucho a mi bisabuela, le pidió el mortero a mi abuelo para ponerlo en mi casa, en su lugar actual, sobre un estante del living.mortero.bmp  Leandro Luzzi- 5B 07

26/10/2007 GMT -3

Espadas belgas en la Reina del Plata

mogas @ 19:26

 Mi tatarabuelo se llamaba Héctor Donato Juan Bautista Fadeux, y nació en 1850, en la ciudad de Bruscelles, Bélgica. Provenía de una familia católica  de muy buenos recursos que lo estimuló desde muy chico para  que practicara esgrima, y la verdad es que apenas incursionó en este deporte ya se destacaba entre sus compañeros. En 1870,apenas cumplidos los 20 años, se enamoró de la mucama que trabajaba en su casa pero como la familia no aceptaba esta relación decidieron viajar a Sudamérica en barco. Al llegar a  Brasil, ella murió a causa de “una peste” y él siguió viaje hacia la Argentina. Una vez en nuestro país, se instaló en el centro de  Buenos Aires .Con los conocimientos de gimnasia que había adquirido en Bélgica buscó relacionarse con personas que tuvieran sus mismas inquietudes, así fue a dar con un grupo de franceses entre quienes estaba la que iba a ser su futura esposa, María Juana Laffont. Es así como él comienza a estrechar lazos con gente de su misma clase social y con idénticas inquietudes. El resultado de sus relaciones y de su esfuerzo no fue otro que la fundación  del Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires en el año 1880 del cual fue el primer profesor. A su vez, él se dedicaba también a la fabricación, venta e instalación de diferentes aparatos de gimnasia como escaleras ortopédicas, barras fijas, paralelas, trapecios, anillos,  que en ese tiempo no estaban industrializados. A mismo tiempo daba clases particulares a destacadas figuras de la alta  sociedad porteña de ese entonces, con la cual creó vínculos estrechos.   Él  tenia una tarjeta  mediante la cual se presentaba como profesor y fabricante y comenzó a utilizarla cuando fundó el Club, hace aproximadamente 127 años .Esta tarjeta la conserva mi abuela, a quien se la entregó su mamá, o sea, la  hija de Héctor que se llamaba Elisa Melania Luisa Fadeux. Por otro lado el retrato que es de mi tatarabuelo cuando él tenia 49 años, llega a mi abuela a través de su papá Rodolfo Wenceslao Olivera, a quien Héctor  se lo regala como recuerdo de sus años de gimnasta. Este objeto debe tener alrededor de unos 108 años.Héctor era muy querido por sus alumnos quienes le demostraban su respeto y admiración con diferentes regalos, entre ellos tarjetas de Primera Comunión y cuadros pintados por ellos mismos en los cuales también aparecía su esposa. Estos cuadros estuvieron colgados en las paredes de la casa de mi bisabuela hasta que falleció, momento en el cual  fueron entregados a su prima que se llamaba Victoria Fadeux . Entre estos cuadros  hay uno en particular que tiene más de cien años que mi abuela y yo tenemos la intención de donar al Club que fundó Héctor.Una cosa para destacar es que cuando mi tatarabuelo murió, en 1934, a los 84 años de edad, la revista El Gráfico publicó una extensa  nota sobre él donde entre otras cosas se destaca el mérito de haber sido fundador del Club de Gimnasia Y Esgrima de Buenos Aires, uno de los más importantes del país. Ahora, mientras escribo, la revista está frente a mí. Me la trajo mi abuela, quien me contó toda esta historia.

 

Mariela Díaz

4 “A” esp. 

abueloRetrato de mi tatarabuelo a los 49 años de edad

clip_image002.jpg Fotografía como esgrimista de 1909. 45654.jpgTarjeta como profesor y fabricante del Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.

Dialogando

mogas @ 18:14

Nos encomendaron un trabajo sobre un objeto que fuera especial para nuestras familias.Tanto Lucas como yo habíamos llevado el mismo tipo de objeto. Esto hizo que al cruzarnos en un recreo, charláramos sobre el tema.-Viste Lucas, igual que la tuya, mi familia conserva un rosario muy antiguo y muy cuidado.- Sí Sabri, el de  mi mamá es de 1925, ¿y el tuyo?-El de mi papá ya existía para la Primera Guerra Mundial, en 1914.-La historia del mío comenzó en Italia. Más precisamente, en Potenza, una provincia al sur de la península, en un pueblo chiquito llamado Ripacándida.-La historia del mío es francesa y comienza cerca de la costa del Mediterráneo donde vivía mi bisabuela con su familia cuando era chiquita.-¡Qué interesante! ¡Contá, contá!  - Mirá, como te dije, la abuela de mi papá nació en Francia y en su familia tenían la costumbre de rezar el rosario todos los días. Su mamá y su papá los reunían cada tarde a ella y a sus hermanos para hacerlo. Por esa época mi bisabuela tenía dos tíos que, cuando llegó la época de la guerra, debieron combatir en el ejército. En esos momentos tan duros todos buscaban sostén y valor en la oración y así el Rosario empezó a cobrar un significado especial: repetir los avemarías, los padrenuestros y los glorias era aferrarse a la esperanza de que Dios escuchara sus ruegos y que sus tíos volvieran sanos y salvos. Aferrarse al rosario mientras caían las bombas fue un hecho que quedó grabado en su corazón para siempre.Cuando se casó, su mamá le entregó aquel rosario y viajó a América con él. ¿Y la historia del tuyo cuál es?- Algo similar. Una tía de mi bisabuela se lo regaló para que la protegiera a ella y a su familia en el viaje hacia América.   Lo conservó toda la vida, lo llevaba a todos lados y lo cuidaba mucho porque le recordaba a su tía que había quedado en Italia.    Cuando falleció mi bisabuela, llegó a manos de mi abuela, que también lo cuidó con esmero porque le recordaba a su madre. Cuando mi abuela cumplió 70 años, se lo regaló a mi mamá con la recomendación de que debía cuidarlo siempre. Ahora mi abuela ya no está, y el rosario, sigue en nuestra familia como una cadena de amores y recuerdos. Algún día, estará en mi poder. Bueno, pero…el tuyo, ¿cómo llegó hasta vos? _Éste símbolo de protección, de ayuda, de transmisión de fe le fue legado a mi abuelo por ser también el primero en contraer matrimonio,  y luego lo heredó mi papá para que mi mamá lo luciera en su boda y para que luego quedara en nuestra  familia para ser pasado al primero que se casara de modo que persistieran esos valores que nos llegan de tan lejos en el tiempo y también en la distancia. -          Lucas, me parece que este trabajo, así como el árbol genealógico, nos acercó a nuestras historias familiares y nos permitió, de alguna manera, unir a varias generaciones, no te parece?--          Sí, tenés razón, y también nos hizo conocer un montón de costumbres y tradiciones que no sabíamos ni que existían. -          Sí, y hora vamos, que ya sonó el timbre para entrar al aula.   Sabrina Forminca y Lucas Cortez. 4to. Especializado 

Ya se la tomó, ya se la tomó...

mogas @ 18:02

 Flavia Ilarregui. 5to. Especializado

Voy a contar la historia del brindis  que  mi familia heredó de mi bisabuelo materno, Juan Bautista.
Ël solía organizar grandes reuniones con toda la familia, y con sus amigos en sucasa, porque no sólo le gustaba compartir  momentos con sus seres  queridos sino también, como me ha contado mi abuela en reiteradas ocasiones , presumir del tuco que preparaba su esposa, mi bisabuela Rosa.
En estas reuniones, una vez servidos todos los platos y antes de comenzar a comer, mi bisabuelo tomaba la bota de vino y al compás de una canción
que todos los presentes entonaban, se la iba pasando uno a uno mientras repetían "tomesé esa copa, esa copa de vino.Ya se la tomó, ya se la tomó. Y ahora le toca al vecino". Cuando todos, incluso los más chicos habían tomado de la bota, ésta regresaba a manos de mi abuelo. En ese momento todos  con una sonrisa en los labios, alzaban sus copas para chocarlas al tiempo que decían ¡Salud! Luego se podia comenzar a comer. .
Más tarde el brindis estuvo presente en la rutina diaria porque mi bisabuelo decía que motivos para brindar siempre había,  que era un modo de mantener a la familia unida que no tenía por qué esperar a un cumpleaños o un aniversario para brindar.
  Años después, cuando mi bisabuelo falleció  mi abuela me cuenta que se adueñó de la bota porque era la única hija mujer y quien mi bisabuelo había designado como continuadora de la tradición.
Dice mi abuela que  cuando sus tías reclamaron  todo y cuanto habia sido de su papá,no tuvo más remedio que darles también la bota. Sin embargo estaba segura de que por el sólo hecho de no tener ese objeeto no iba a cortar la tradicion, y por lo tanto continuó con el acto de brindar. Acto que 
transmitió  a sus hijos y nietos. Para no perder tioempo, comenzó cuando se puso de novia con mi abuelo. Cada vez que salían a comer, lo hacía brindar con ella.Mi abuelo nunca pidió una explicación pero entendió de inmediato la importancia de aquel acto.También creía que motivos para brindar siempre habia
El ritual continuó cuando tuvieron hijos. Dicen que mi mamá una vez preguntó qué significado tenií brindar todos los dias y entonces fue  mi abuelo l quien le explicó la importancia del brindis y por quién habían comenzado a hacerlo. A partir de entonces, la encargada de continuar con la tradición fue mi mamá, la única hija mujer. Ella nos contó a mis y hermanas y a mí toda la historia antes de que se nos ocurriera preguntarsela y nos pidió que continuásemos la tradición cuando formáramos nuestras propias familias.
Cada día, al chocar los vasos, recordamos esta historia que comenzó mi bisabuelo Juan Bautista. Yo  no sólo brindo con mi familia sino también  con mis amigas y sé que cada una de ellas cuatro también continuará este rito cuando dcosntruyan sus propias familias.

25/10/2007 GMT -3

La Vida En Altamar

mogas @ 21:52

barqito.jpgMi abuelo materno, José Narducci, actualmente tiene 89 años. Desde niño compartí mucho tiempo con él. Algunos días a la semana venía a cuidarme mientras mi mamá trabajaba, así fue que crecí escuchando historias de su vida.
Recuerdo cada una de esas anécdotas y cuando pensé en un objeto importante que representara a nuestra familia, que fuera significativo para nosotros, enseguida recordé un cuadro, que mi abuelo tenía colgado en su casa y le regaló a mi mamá hace años, para que lo conservara como una parte de su historia. Él solía contar que cuando tenía 18 años, en 1935 decidió alistarse en la Armada Argentina, porque siempre había querido ser marino pero sus recursos económicos le impidieron inscribirse en la carrera de oficial, por lo tanto se enroló como Marinero. Estuvo 2 años en el puerto de Buenos Aires y en el de Entre Ríos, haciendo tareas de mantenimiento, luego, en 1938 ,lo designaron para el puesto de Foguista, en las calderas de la Fragata Sarmiento, que era un buque que funcionaba como escuela de instrucción para los cadetes a oficiales de la Fuerzas Armadas. En este buque que en ese año realizaba su último viaje alrededor del mundo, mi abuelo pasó más de 8 meses arribando a varios puertos importantes . Recuerdo que hace unos años mi papá nos llevó junto con mi abuelo a visitar la Fragata Sarmiento, que se encuentra anclada en el Puerto de la Ciudad de Buenos Aires, ya que fue declarada monumento histórico. Al recorrerla mi abuelo nos contaba cómo había sido la convivencia con sus compañeros de la sala de maquinas, con los oficiales y con el capitán del buque, cuyo apellido era Malerba.fotitoo.jpg
El trabajo era duro´. Consistía en mantener las calderas que funcionaban a carbón, siempre encendidas. La sala de calderas era un lugar reducido donde la temperatura alcanzaba más de 45 grados y junto a su compañero eran los encargados de palear el carbón dentro de las mismas. La situación se complicaba cuando había tormenta en altamar, ya que la Fragata era a Vela y muy pequeña y en esos momentos en que las olas azotaban el buque había que subir al palo mayor a recogerlas para no perder la dirección, así se cobró la vida de 2 hombres que cayeron de esa altura al mar y que jamás pudieron ser encontrados. Pero también hubo momentos maravillosos. Como este era un buque escuela, en cada puerto que desembarcaban los cadetes visitaban gran parte de los países, mientras el buque se reabastecía de carbón, alimentos y agua. La tripulación tenía franco para recorrer y conocer lo más posible, se quedaban en cada puerto de 7 a 10 días. El primero fue en la ciudad de Santos en Brasil, luego Cartagena, en Colombia; Panamá; La Habana, en Cuba; y navegando por el río Mississippi llegaron a Nueva Orleáns, luego Charlestón, Ciudad de Estados Unidos; las Islas Azores; las Bermudas. Ya en Europa la Ciudad de Burdeos, en Francia donde conoció la torre Eifeld y el museo del Louvre. En el continente Africano el puerto de Casablanca, Dakar y desde allí directamente a Buenos Aires. En cada país desfilaba toda la tripulación ante las autoridades y recuerdo que me contó que en el puerto de Cuba lo hicieron frente al General Fidel Castro. También recordaba sobre una ceremonia que se realizaba al cruzar la línea del Ecuador precedida por el capitán del barco quien representaba al Dios Neptuno (Dios de los mares) quien ordenaba a marineros disfrazados de tiburones que zambulleran en una especie de pileta a todo aquel que formara parte de la tripulación y que fuese la primera vez que cruzaba la línea, otorgándole un diploma que aún guarda entre sus recuerdos. Mi abuelo tenía un compañero que era su mejor amigo del que siguió siéndolo toda su vida y otro marino al que no volvió a ver pero del que guarda un gran recuerdo, un retrato de mi abuelo echo a lápiz.

Un Objeto Importante

mogas @ 21:44

un-objeto-mui.jpg

Esta foto es muy importante para nosotros porque fue el lazo que unió a mi familia de Argentina con la de Italia.
La historia comienza cuando mi bisabuelo y su hermano, en el año 1907 deciden venir de Italia a vivir en la Argentina, ya que acá había mayores posibilidades de progreso económico. Diez años más tarde también vino un primo de ellos para juntar dinero, volver a Italia y poder comprar una casa y un campo. Mi bisabuelo y el hermano lo ayudaron a conseguir un trabajo y un lugar en donde vivir en la Argentina.
Mi bisabuelo y su hermano lograron formar una familia en Argentina y se quedaron a vivir acá. El primo de ellos, luego de seis años, pudo juntar el dinero, volver a Italia, comprar lo que quería y formar una familia.
Mi bisabuelo, desde que llegó a la Argentina enviaba cartas a la familia que había quedado en Italia. En una de esas cartas, en el año 1954, mandó una copia de una foto de su hijo (mi papá) que en ese momento tenía dos años.
Durante cuarenta años mi bisabuelo envió y recibió cartas. Cuando él falleció, mi tía abuela fue la que siguió escribiendo las cartas, pero en el año 1957 dejaron de comunicarse porque la familia de Italia siempre contestaba las cartas a nombre de mi abuela, ya que era la mayor de las hermanas por esa razón mi tía abuela se enojó y nunca más les mandó cartas. En el año 1990 Jean Mario, el hijo del primo de mi bisabuelo, quiso volver a unir a la familia de los dos países y empezó buscar a los que vivían en Argentina. Muchos años más tarde, a través de Internet consiguió los números de teléfono de todas las personas que tenían el mismo apellido y comenzó a llamarlos. En el año 2005, a punto de darse por vencido, logró comunicarse con mi tío abuelo y finalmente pudo encontrarnos.
En septiembre del mismo año vino a la Argentina y nos reunimos. Ese día trajo una foto de la que él tanto hablaba. Era la foto que le había mandado por carta mi bisabuelo a la familia de Italia. Para él era muy importante porque fue la única foto que tenía de sus familiares de Argentina y para nosotros fue el lazo que terminó de unir a las dos
familias.

Sofía Pandolfi 3° A cbu

Las Copas de Licor

mogas @ 21:40

copa-2.jpg

 El objeto que elegí yo es una de las copas de mi bisabuela María. Ella las compró en un bazar de su época en la provincia de Entre Ríos. En ese entonces, estas copas eran muy preciadas y valiosas.
Un día, en Entre Ríos hubo una gran inundación que debilitó gran parte de las viviendas. Sin embargo, en el interior de la casa de mi bisabuela muchas cosas quedaron casi intactas; una de ellas era el mueble en el cual estaban las copas.
A partir de ese día, las copas cobraron un gran valor sentimental para toda la familia, de la cual formaba parte mi abuela Felisa, la mamá de mi papá, única hija de mi bisabuela María y mi bisabuelo Antonio.
Lamentablemente mi bisabuela María falleció cuando mi abuela Felisa tenía 6 años, y como mi bisabuelo no tenía la capacidad económica para mantenerla en ese momento, la mandó a mi abuela a Buenos Aires, a la casa de unas tías, en Ramos Mejía. Felisa llevó consigo, entre otros recuerdos, las copas de su madre. Para ella significaban mucho porque le recordaban a su madre y a su hogar de Entre Ríos. Para una niña de su edad era muy difícil afrontar la situación generada por la muerte de su madre, por lo tanto, se aferraba mucho a los recuerdos.
Mi abuela Felisa pasó toda su infancia con sus tías en Ramos Mejía. Cuando tenía 30 años conoció a mi abuelo Juventino, con el cual, cinco años más tarde se casó y se fueron a vivir juntos a la ciudad de Villa Luro. Allí tuvieron tres hijos varones, uno de los cuales es mi papá.
Las copas permanecieron bien guardadas en la casa de mi papá durante años.
Cuando ahora miro las copas, me acuerdo de aquellos cumpleaños o reuniones familiares en la casa de mi abuela, cuando los mayores, al finalizar la cena, tomaban licor en estas copas. Todavía tengo grabada la “imagen” de mi abuela cuidando sus copas. Sí o sí se tenían que apoyar arriba de la mesa, de ninguna manera se podía ir a tomar el licor a otra parte de la casa con las copas en la mano, y ni hablar de que los chicos pudiésemos usarlas.
Cuando mi abuelo Juventino falleció, mi abuela se quedó sola y vivió en esa casa durante diez años, hasta que un día se mudó a una casa mucho más pequeña en el barrio de Mataderos. Obviamente, llevó consigo las copas.
En esa casa, ya sin mi abuelo, la “tradición” de tomar licor en esas copas se fue perdiendo y quedaron guardadas en el mueble principal del comedor de esa casa. Allí vivió mi abuela durante 3 años más o menos, hasta que enfermó gravemente y falleció a los 94 años.
Las pertenencias de mi abuela fueron repartidas entre mi papá y sus dos hermanos. Mi papá decidió llevarse las copas que ahora están en mi casa en un mueble dell comedor. Nosotros ya no las utilizamos porque decidimos conservarlas como un gran recuerdo familiar.
copa-1.jpg

Lucas Cordeiro
4to B Esp.

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