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Historias de Inmigrantes

Categoría: Historias de los objetos

01/10/2007 GMT -3

Ludmila Paola Vallone 4to A C.B.U

mogas @ 20:56

El objeto que hoy traigo es una cruz de madera que quizás no llame la atención de nadie, pero ella viene de España desde hace muchos años, es del siglo XIX y esta en mi familia desde hace cinco generaciones (contándome a mi), correspondía a la abuela de mi abuela materna, es decir, mi tatarabuela.Ella era Leonor Méndez, había nacido en España pero lamentablemente no sabemos ni encontramos ningún documento en que figure su fecha de nacimiento.La historia de la cruz comienza cuando Leonor toma la comunión y su madre se la regala. Ese momento fue muy especial para ella porque era muy católica y esta cruz la acompaña siempre hasta sus últimos días en que iba a rezar a la parroquia de la Misericordia en mataderos donde estaba en la legión de María.Pero ustedes se preguntaran como la cruz paso de generación en generación y fue así:En España Leonor se casó con Benito Luna y cuando en Europa se aproximaba la Primer guerra mundial, decidieron venir a América,, como muchos de nuestros antepasados. Desembarcaron en Montevideo, Uruguay, porque Leonor estaba por tener familia y el 3-10-1914 nace Dolores Nelida Luna, a la que todos llamaban Nelly y tuve la oportunidad de conocerla diez años de mi vida.Alos pocos meses de nacer la beba, la familia Luna viajó para Argentina donde se radicó definitivamente y tuvo cuatro hijos. Ellos se instalaron en el barrio de Mataderos y Leonor siempre tenia consigo la cruz, en la que depositaba toda su fe.Antes de morir le entrego la cruz a su hija mayor Nelly y la hizo prometer que pasaría por cada hijo o hija mayor que tomase la comunión contándole la historia que iba teniendo este objeto en cada caso.Nelly ya casada con Manuel tiene tres hijos: Mata, Susana (que muere a los tres días de nacer) y Carlos. Cuando Marta, mi abuela, fue creciendo, su madre quería que tome la comunión pero su esposo, que decía ser ateo, se negaba. Así fueron pasando los años y Nelly convenció a Manuel o Manolo, como todos lo conocían, de que permitiese a su hija Marta recibir el sacramento para darle la cruz que su madre le había dejado y así cumplir su promesa. Y gracias a esta pequeña cruz Manolo accedióAsí llegó el día en que Marta tomó su primera comunión y su madre le entregó la cruz contándole el significado de la misma.Marta la llevó siempre consigo hasta su casamiento con Mario en que ocurrió un pequeño e importante suceso. Luego del casamiento la pareja se instalo en el barrio de Liniers, casa en la que había nacido Mario y la que ampliaron para formar su hogar.En la mudanza que Marta realizó de sus cosas para formar su hogar, olvido incluir la cruz, pero se dio cuneta algunos años más tarde.Marta y Mario tuvieron tres hijas: Patricia, Alejandra y Viviana. Cuando mi mamá iba a tomar la comunión es cuando Marta se dio cuenta que había olvidado la cruz en la casa de sus padres. Grande fue la desesperación y la búsqueda de dicho objeto. Durante varios días dieron literalmente “vuelta la casa” y no la encontraron. Llegó el día de la comunión de Patricia y la cruz no había aparecido. Pero en el momento que llegaban todos al colegio María Ana Mogas para participar de dicho acontecimiento, llegó Nelly con la cruz que providencialmente había encontrado en una caja de recuerdos de su esposo Manolo, ya fallecido y que no habían revisado pues creyeron que allí no estaría. Nelly le devolvió la cruz a Marta para que esta se la de a su hija y así continuar la promesa. Pero en el colegio no la dejarían usarla, ya que no dejaban llevar algún artículo anexo que no sea del uniforme; entonces Patricia colgó la cruz debajo de la camisa así no la verían, y así pasa, la cruz, a otra generación.Cuando Patricia y Fabián se casan, la madre lo primero que hace es darle al cruz para que no ocurriera lo que le ocurrió a ella.Pasaron los años y tuvieron tres hijas: Ludmila (yo), Johanna y  Micaela.Cuando tuve que tomar la comunión paso algo parecido a los de mi mamá, esta vez la tomábamos con vestidos y una cruz que nos habían entregado unos días antes. En la mano entrábamos con una vela,, entonces la solución, ya que no quería llevarla debajo del vestido, fue llevarla en la manos oculta en la vela. A parir de ese momento la vela me pertenece, y soy yo la que tiene la responsabilidad de que esta historia continué, de que el objeto pase de generación en generación y a la vez estoy orgullosa de esto.

crúz

Luciana Zawadzki 4to A C.B.U.

mogas @ 20:47

Los domingos en mi familia son una tradición. Nos gusta juntarnos a merendar y compartir un momento todos juntos antes de que empiece la semana.Siempre me pregunté porque en vez de juntarnos a la tarde no lo hacíamos al mediodía, pero creo que a través del tiempo me di cuenta que somos tantos que es imposible juntarnos a almorzar, por eso la merienda fue designada para la familia. Una de esas tardes, mientras ayudaba a preparar la merienda, mi abuelo me llamó desde la habitación. Cuando llegue vi que estaba buscando en algo en el cajón; supuse que me regalaría una golosina como habitualmente lo hacia, pero no, esta vez me dio una cajita. Abrí el regalo con curiosidad, pero cuando me di cuenta mi abuelo estaba saliendo de la pieza, por eso corrí a agradecerle y a preguntarle que significaba ese objeto.Me explico que era una lapicera muy importante para él, porque lo había acompañado durante la segunda Guerra Mundial. Esa tarde de domingo fue muy importante para mí. Me sentía contenta, pero a la vez sentía la responsabilidad de tener ese objeto tan valioso para mi abuelo.En ese momento tenia 12 años, y a medida que fui creciendo fui valorando el objeto y el gesto que mi abuelo había tenido conmigo. Mi abuelo, como muchos polacos, durante la segunda Guerra Mundial tuvo que defender su patria primero de los alemanes, y luego de los rusos.Cuando los rusos invadieron Polonia a mi abuelo lo tomaron prisionero de guerra. A estos los llevaban a Siberia, un territorio llano, donde las temperaturas son menores a los – 30 ºC y los prisioneros sobrevivían de lo que ellos cultivaban. En esa época, esta región era muy pobre, por eso los mismos rusos dejaban escapar a los prisioneros, ya que las posibilidades de sobrevivir eran escasas. Cuando mi abuelo escapó se reagrupo con otros prisioneros en los países de Asia Menor. El objetivo de ellos era volver a su tierra natal, formar el ejército y recuperar una parte de esa Europa perdida.Avanzaron por países, como Irán, Irak, y allí estaban los ingleses que vendían productos de su industria. Allí, mi abuelo compró esta lapicera, que quien iba a decir hoy tengo yo en mis manos.Después de esos países, llegaron a Italia y a mi abuelo lo enviaron a que permaneciera en un pueblo llamado Ripatranzone. Después de un tiempo conoció a Virgilia, mi nona. En ese tiempo, mantener su relación fue muy difícil, porque a mi abuelo lo enviaban a otros pueblos, y no sabían si se iban a volver a ver. Por eso esta lapicera fue importante para mi abuelo. Unió a dos personas importantes en mi vida, en ese momento difícil que les tocó vivir. Cuando la guerra terminó, los dos estaban en Italia, y decidieron casarse.La situación de mi abuelo era triste, ya que no podía regresar a Polonia por ser prisionero de guerra, por eso ambos decidieron emigrar hacia Argentina. En ese barco venían inmigrantes con la esperanza de tener un futuro mejor, con tristeza de dejar su país. Venia el dolor de la guerra (para muchos una cicatriz imborrable). Venían mi nona, mi abuelo y un bebé recién nacido, mi tío, y esta lapicera, que escribió sentimientos expresaos en palabras y unió a dos personas que se sentían lejos pero al recibir una carta del otro se sentían cerca. 

Cuando mi abuelo me cuenta su vida siento un gran orgullo por él, por tener el valor de defender su país y también, por su vida personal. Cruzó un océano para formar una familia, se adaptó a un nuevo país y hoy con 92 años cuenta su vida como una gran aventura. Y yo lo observo, lo miro como piensa, como se olvida de algún detalle y vuelve a empezar. Será por eso que en esa tarde de domingo mi abuelo decidió que yo, su séptima nieta tenga su lapicera.

  Lapicera

(La lapicera) 

 Abuelo en siberia(Mi abuelo en Siberia)

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