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Historias de Inmigrantes

Categoría: Historias de los inmigrantes

14/11/2007 GMT -3

Historia de un inmigrante

mogas @ 19:44

Ella lo vio partir y sintió como si la guerra aún no hubiese terminado y le quitase su propia vida. Cuando lo despidió, supo que por mucho tiempo sólo una foto enmarcada en el lugar más importante de la casa iba a recordarle a su hijo.
Él tomó la decisión y esperó la resignación de su madre, sabiendo que marchándose no sólo la dejaba a ella, sino también a una querida hermana ahora resentida con aquella “bendita” Argentina que le quitaba a su hermano.
Esa Italia querida ya no la sentía parte de él. Sabía que nunca olvidaría todo lo que vivió allí, ni mucho menos las veces que se arriesgaba en pleno bombardeo yendo a los campos en busca de alimentos. Pero eso ya no le pertenecía.
Él anhelaba con llegar a la “gran metrópolis” e independizarse, sabía que iba a ser difícil, pero su ambición era más fuerte que sus temores.
Esos interminables días en el barco sólo aumentaban su ansiedad e ilusión de encontrar en “el cono de la abundancia” trabajo, prosperidad y bienestar. No tuvo miedo cuando desembarcó en Cruz del Eje, pero sí una disimulada angustia que despertó al darse cuenta que se encontraba solo en un lugar desconocido.
Ella desde lejos lo presentía, pero su cara húmeda de nostalgia le recordaba, al mirar el retrato, que no le era indiferente a los deseos de su hijo, y sabía que por su carácter iba a lograr salir adelante.
No tardó mucho tiempo en arreglárselas para trabajar de lo que él hacía en su Patria, había logrado estabilizarse y reencontrarse con sus paisanos. Pero él quería más, ansiaba con llegar a más.
Siempre tuvo esas ideas de “grandeza”, la vida de pueblo nunca había sido para él, y ella lo sabía, por eso lo dejó alejarse.
Adaptarse a la ciudad no le fue fácil, allí experimentó sus primeras desilusiones ante la ausencia de un lugar para vivir. Pensaba en ella y en lo que sufriría viéndolo dormir en una casilla de madera arriba de una terraza, él que había emigrado voluntariamente buscando un futuro mejor.
Ella recibía sus cartas y las atesoraba. En ellas podía leer su melancolía.
Él le dibujaba la Argentina como un lugar distinto, lleno de posibilidades.
Lo cierto es que solo, tuvo que hacer frente a los primeros golpes que se le presentaron. Pero su suerte cambió cuando encontró un lugar estable en donde trabajar de su oficio de carpintero. Quién iba a imaginar que ese lugar sería el primer enlace de su futuro.
Ella se tranquilizó al recibir noticias de él, su letra le trasmitía seguridad y esperanza.
Cómo iba a imaginar que la hija de su querido patrón, aquella muchacha fuerte y determinante, iba a ser de quien se enamore.
Ella confió y su espera no fue en vano. Luego de dieciséis años volvió a ver a su hijo, ahora un hombre realizado, padre y esposo. Ya no le lloraría a un retrato. Le siguieron visitas de él con cada uno de sus siete hijos, con quienes revivía, al despedirlos, el dolor de aquel día en que su hijo zarpó.

(texto de María Luciana Donatelli)

Cruzamento

mogas @ 19:33

El tren se había puesto en marcha y yo recordaba todo de repente. Y transpiraba de a poco, pero todo junto, transpiraba a consciencia e intentaba calmarme otro poco cerrando los ojos. Respiraba por la boca, por la agitación… y a la vez el sueño, un estado de adormecimiento compulsivo, y otro tanto de satisfacción de haber podido. Sólo de haber podido. Y era saber, dormir a tientas, con el pulso cardíaco más rápido que el tren, una sonrisa mínima, y el miedo meditando. El balanceo de las vías, y un nuevo ritmo, de ahora en más.
El recuerdo se hizo sueño plácido, se transformó. Inevitablemente aparecieron los cultivos, estábamos los diez en época de siembra, tan sólo faltaba una que ya estaba en Misiones. Nos acompañaba el sol, pero nunca supimos bien si era brasilero o argentino, la frontera siempre nos resultó un lugar confuso. Y entre todo eso, el alambique.
Qué pueblito más chico Pepirí Miní: la gendarmería, el juez y la escuela, que sólo llegó hasta cuarto, y en un idioma.
Ya tenía mis 16 años a cuestas, pero dejé todas las muñecas que había aprendido a coser. Entre la noche hice el cruce, y me fui con la número once. Yo era la menor de todos los hermanos. Mamá, partera. Papá, estricto. Todo atrás.

Me despertó mi amiga, y ya estábamos en Entre Ríos. Luego de tres días de viaje, y sueño, y una mezcla de alucinación con asqueroso realismo, el tren seguía oliendo igual. Así como lo digo, así pasó, así de rápido y temprano. Esa misma noche tomamos el barco. Y era todo más confuso que en la frontera, y supuse que en Buenos Aires lo sería más. Nuestra corta edad rogaba no ser descubierta por el guarda, aceleramos la escalera y nos encerramos en el camarote. Nos miramos, y las cuatro camas, y cuán alegre nos resultó que no nos hubieran pedido papeles. Nos despertamos fuerte al grito de Buenos Aires, y a los golpes en la puerta, al clima de llegada. Y todo era tan diferente cuando bajamos, en el puerto y a la deriva. Pero qué vagos recuerdos logro ahora… la Aduana y ninguna pregunta nos salvaron, por mi parte sólo llevaba una partida de nacimiento y la minoría de edad. Dónde los árboles frutales, y los versitos en portugués.
Nos tomamos un taxi sin demasiado destino, sólo pedimos que nos llevara a algún lugar para vivir. Fuimos a dar con el hotel Oriente, en Belgrano y 9 de Julio. Un par de semanas después mi amiga ya había conseguido trabajo, cosa que también hizo por mí. Al otro día tuve que estar en Junín y Ayacucho, era una casa de familia, me dijeron. Eran los dueños de cigarrillos Piccardo, me dijeron. Y así fue. Otros tres años.
Hasta que cambié de trabajo, ahora era en Arenales. Pero “precisaban a alguien más grande”, había mucho para hacer, así me mandaron con la madre, Eugenia. Nunca la voy a olvidar, jamás, ni a sus noches de canasta, ni sus salidas y bailes, su profesor de folclore en la casa. Ahí nació Cristina, que tuvo niñera propia, Adela. Hasta que falleció Eugenia, durmiendo. Y ya se me escapan un poco las memorias… ya es como en el tren, ya es sueño, ya es lento. Recuerdo apellidos como Guevara, parientes de un Che, también recuerdo al ministro de Perón, su fastidio y una pregunta en particular, que una vez me hizo con toda su intriga y enojo: ¡¿Para qué sirven… esas chapitas que tienen las cerraduras?!

(texto de Rocío sobre su abuela inmigrante)

09/10/2007 GMT -3

La lucha de un inmigrante más, Tomás Paglia

mogas @ 23:58

Desde la montaña hacia el océano, pasando de continente en continente, y esos cuarenta días pensando en su familia, en su pasado, su presente y su incierto futuro. Hoy ya puede ver donde quedo todo atrás, lo que dejo, lo que trajo y lo que pudo lograr. Huyendo de su lugar por miedo a la guerra, y entrando en otra guerra sin saber que le deparaba el destino, con uno de sus siete hermanos bajo su responsabilidad y una familia que deja en su tierra, con la esperanza de que puedan seguir su camino cuando él pueda lograr algo para ayudarlos desde su nuevo país.52 años de matrimonio no son poca cosa, desde el día en que lo conocí que nuestras raíces hicieron que hasta el día de hoy nos mantengamos unidos. El llego desde Italia en abril de 1949, se instalo en Mataderos en la casa de unos paisanos que le darían trabajo en una fabrica de papel, y también en su casa por la tarde dándole unas changuitas como zapatero.Ahí fue donde lo conocí, nos pusimos de novios compartiendo muchos sentimientos,  las mismas añoranzas de nuestro país, las mismas nostalgias y esperanzas de volver a ver a la familia que habíamos dejado allá, y algún día poder volver a esos lugares en donde nos criamos, separados, los dos de pueblos y ciudades diferentes, pero finalmente con el mismo destino buscar un mejor futuro en otro país y huir con miedo de una guerra mundial.

De vivir en Mataderos se mudo a la casa de otros paisanos en Tablada, donde finalmente después de seis años de trabajar duro pudo mudarse a Lomas del Mirador, ya comprando una casa para que podamos vivir ya recién casados.

En febrero de 1957 llega la primer hija, llego con un pan abajo el brazo ya que Tomas pudo juntar e dinero necesario para que su familia, que quedo en Italia,  pudiera viajar a Buenos Aires. Finalmente en junio llegaron, después de ocho años pudo volver a ver a su familia y esperarla con una nieta y una casa para todos ellos.

El destino no solo lo llevo a conocerme, a progresar trabajando duro, y a tener una hija, sino que también le dio un nuevo trabajo, y un nuevo hijo. Esos miles de kilómetros y esos cuarenta días de viaje, sin saber que podía llegar a pasarle, marcaron un antes y un después.Cuando nací, según lo que me contaron, recién había instalado la verdulería y frutería “Tomasito” en el barrio de Morón, allá estuvo muchos años, mientras construían arriba de casa para que Lucy se mudara con su Eduardo después del casamiento. Yo empecé a estudiar para ser ingeniero y ser el primer descendiente Paglia en la argentina con un titulo universitario, seria un gran logro para mamá y papá.El viejo toda la vida trabajando duro para poder mantenernos, ya desde chico cuando llego a argentina tuvo que mantener a sus hermanos y a su mama porque el abuelo Pedro falleció joven. Con el paso del tiempo, pesito a pesito pudo lograr su sueño más importante, al poco tiempo que nació mi hermano miguel pudo instalarse la carnicería propia en la esquina de casa, bien cerquita y algo propio, un gran logro para el viejo.Después que se recibió Lucy y Eduardo, que ya era como un hijo en la familia, empezaron a llegar mas descendientes, en este caso Lis porque yo todavía no me había casado. Los tíos ya habían formado cada uno su familia y la abuela Lucia ya se había ido, la familia de papá somos nosotros, que estuvimos siempre con él, hasta en sus peores momentos.En 1994, después de 45 años pudo volver por primera vez a su tierra natal, viajaron con el tío Pascual, el hermano de mamá, a su país,  volvieron a ver a sus parientes que habían dejado allí y a recorrer su tierra que tanto aman. Hoy, ya jubilado,  se pueden ver los cimientos que construyó, ese viaje que lo trajo a un mundo nuevo, le dio muchísimas cosas que le habían quitado de joven cuando tuvo que abandonar su país y su familia. Hoy no son solo recuerdos y añoranzas, es compartir irrepetibles momentos con una familia enorme, compuesta por 8 nietos, 3 hijos, una esposa que lo adora cada vez mas, y disfrutarla al máximo, después de haber peleado muchas guerras por tener que huir de otra. 

 ¨ María del Rosario Lis  - 4to Merc.

Historia de un inmigrante-María Luciana Donatelli

mogas @ 23:54

Ella lo vio partir y sintió como si la guerra aún no hubiese terminado y le quitase su propia vida. Cuando lo despidió, supo que por mucho tiempo sólo una foto enmarcada en el lugar más importante de la casa iba a recordarle a su hijo.Él tomó la decisión y esperó la resignación de su madre, sabiendo que marchándose no sólo la dejaba a ella, sino también a una querida hermana ahora resentida con aquella “bendita”  Argentina que le quitaba a su hermano. Esa Italia querida ya no la sentía parte de él. Sabía que nunca olvidaría todo lo que vivió allí, ni mucho menos las veces que se arriesgaba en pleno bombardeo yendo a los campos en busca de alimentos. Pero eso  ya no le pertenecía. Él anhelaba con llegar a la “gran metrópolis” e independizarse, sabía que iba a ser difícil, pero su ambición era más fuerte que sus temores. Esos interminables días en el barco sólo aumentaban su ansiedad e ilusión de encontrar en “el cono de la abundancia” trabajo, prosperidad y bienestar. No tuvo miedo cuando desembarcó en Cruz del Eje, pero sí una disimulada angustia que despertó al darse cuenta que se encontraba solo en un lugar desconocido.Ella desde lejos lo presentía, pero su cara húmeda de nostalgia le recordaba, al mirar el retrato, que no le era indiferente a los deseos de su hijo, y sabía que por su carácter iba a lograr salir adelante.No tardó mucho tiempo en arreglárselas para trabajar de lo que él hacía en su Patria, había logrado estabilizarse y reencontrarse con sus paisanos. Pero él quería más, ansiaba con llegar a más. Siempre tuvo esas ideas de “grandeza”, la vida de pueblo nunca había sido para él, y ella lo sabía, por eso lo dejó alejarse.Adaptarse a la ciudad no le fue fácil, allí experimentó sus primeras desilusiones ante la ausencia de un lugar para vivir. Pensaba en ella y en lo que sufriría viéndolo dormir en una casilla de madera arriba de una terraza, él que había emigrado voluntariamente buscando un futuro mejor. Ella recibía sus cartas y las atesoraba. En ellas podía leer su melancolía. Él le dibujaba la Argentina como un lugar distinto, lleno de posibilidades. Lo cierto es que solo, tuvo que hacer frente a los primeros golpes que se le presentaron. Pero su suerte cambió cuando encontró un lugar estable en donde trabajar de su oficio de carpintero. Quién iba a imaginar que ese lugar sería el primer enlace de su futuro. Ella se tranquilizó al recibir noticias de él, su letra le trasmitía seguridad y esperanza.Cómo iba a imaginar que la hija de su querido patrón, aquella muchacha fuerte y determinante, iba a ser de quien se enamore.Ella confió y su espera no fue en vano. Luego de dieciséis años volvió a ver a su hijo, ahora un hombre realizado, padre y esposo. Ya no le lloraría a un retrato. Le siguieron visitas de él con cada uno de sus siete hijos, con quienes revivía, al despedirlos, el dolor de aquel día en que su hijo zarpó.   María Luciana Donatelli

02/10/2007 GMT -3

Mara 5to Especializado

mogas @ 13:01

Leonor cocinando

Fhilos 

Lo elegido para presentarles se llama Filhos. Los filhos son una comida tradicional portuguesa similar a la tortafrita, provenientes del pueblo Duzul de la provincia de Algarbe.Esta comida típica era considerada como símbolo para compartir y se servia en navidades y fines de año. Por esta razón era frecuente que los jóvenes que pasaban por las casas a cantar villancicos fueran invitados por los dueños a pasar y a comer filhos con ellos.En aquella época, a las mujeres desde jóvenes se les enseñaba a realizar las tareas de la casa y se les instruía acerca de las tradiciones del pueblo y de la familia. Fue mi tatarabuela Maria quien le enseño a mi abuela Leonor la comida de los filhos. En principio Leonor solo ayudaba a prepararlos, pero luego, con el pasar de los años, ella fue quien comenzó a hacerlos. Juntas amasaban entre 10 y 15 kilos de harina para la época de las fiestas navideñas.Era necesario y muy importante el aceite de oliva. A mi tatarabuela y a mi abuela les era fácil hallarlo gracias a que la familia poseía grandes campos con oliva. Generalmente cada vez que hacían gran cantidad de filhos los regalaban a los vecinos y a las personas que pasaban a pedir limosnas, eso si, nunca los vendían.Cuando mi abuela Leonor vino a vivir a la Argentina ya no podía hacer esa cantidad de filhos por dos razones: porque no podía conseguir el aceite necesario y también porque en Argentina no tenía a sus vecinos para regalarles. Mi abuela Leonor tuvo 2 hijos Luis (mi tio) y Sergio (mi papa), y de ellos 4 nietos. De esos 4 nietos una sola fue mujer y esa nieta soy yo. Desde pequeños  junto a mis primos y mi hermano comemos filhos, pero no solo en las épocas festivas, si no también, en cada gran encuentro, como costumbre familiar.Cuando era chica cada vez que mi abuela amasaba esta rica comida  siempre tuve curiosidad, y  al igual que mi tatarabuela Maria enseño a su nieta, leonor me enseño a mi a preparar la tradicional comida de los fihlos. Hoy en día como mi primo Matías adoramos comer filhos. Solemos juntarnos cada dos meses para mantener y realizar la tradición familiar que se nos ha inculcado, y que tanto nos gusta… la de compartir y comer filhos.Me pareció buena idea traerles a ustedes los filhos, ya que como dije antes son una comida para compartir, y yo los quiero compartir con ustedes!!!  

 

Romina Guerrero 3ro B C.B.U

mogas @ 12:45

Emilia Pérez nació en 1890 en Madrid- España. Ella vivía con sus padres. Ellos pertenecían a la nobleza Española con el titulo de condes. En ese momento el titulo de condes era dejado de lado ya que había grandes problemas económicos y guerras. Como su titulo no influía y vivían con muchas necesidades decidieron emigrar, pero cuando estaban por realizar el viaje, el padre de Emilia murió. Luego conoció a Laureano Iglesias y decidió  casarse con él. Realizado el matrimonio emigraron hacia Argentina. Dos meses después de llegar murió la mama de Emilia y ella decidió quedarse en su nuevo hogar ya que aquí había formado su familia y con respecto a su titulo no le importo reclamarlo ya que ahora vivían en mejores condiciones y tenía lo que siempre había deseado… ¡una familia!

Este trabajo sirvió para que mi familia descubriera esto y es un motivo de orgullo para todos nosotros. Es así que hoy en día se están tramitando los papeles para que mi abuela reciba el titulo correspondiente y no es una cuestión de herencias, sino es un recuerdo más que mi abuela puede tener de su madre.


 

 

(Emilia con un funcionario de la nobleza)

 

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(Emilia en el casamiento de su hija Helena)

01/10/2007 GMT -3

Germán Nigro 3ro Mercantil Historia inmigrante

mogas @ 22:13
Eran mis tatarabuelos vivian en Odesa ,Rusia (puerto de Mar Negro). Con sus Cuatro Hijos: Boris, David, Leonidas y Jacobo. Ishika  (mi tatarabuelo) era un rabino, casado con Frida (mi tatarabuela),él ya estaba informado de la inminencia de la segunda guerra mundial por el hecho de tener un cargo importante en su religión. Entonces decide  enviar  a sus dos hijos mayores a argentina , David(19 años) y Boris(20 años) antes de que Hitler invada Rusia viendo la posibilidad de poder también irse él con el resto de su familia (esposa y dos hijos menores) en un futuro próximo. Ellos se instalan en  la  casa de un primo que tenia aca un aserradero. Ishika piensa que con la ayuda de sus dos hijos podrían llegar a escapar de su destino.  Boris y David (los hijos) se distrajeron y pensaron en sus cosas y no en sus padres, por la edad no los tuvieron en cuenta, mientras tanto Hitler invade rusia y ellos no pudieron mandar plata para traer a sus padres y sus hermanos. Su familia fué llevada a un campo de concentracion y su muerte es insegura, el ultimo dato que se conoce es que fueron llevados al Gheto de Varsovia, Leonidas logra escapar pero lo volvieron a atrapar y lo mataron. El dato de su último destino  llego en un sobre debajo de una estampilla, en una carta de Ishika dirigida a Boris, ya que antes las cartas pasaban por un control.

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